lunes, 29 de agosto de 2016

Hay días en los que no sales de mi cabeza...


Hay días en los que no sales de mi cabeza. No, no te mentiré… la verdad es que todos los días te pienso.

Tal vez suena trillado, pero llegaste a mi vida de golpe: sin pedirte, sin soñarte, sin idealizarte; simplemente llegaste, con una pregunta simple y desde entonces te adueñaste de cada uno de mis días. Te juro, que eres la persona más complicada y profunda que he conocido, hay momentos en los que simplemente no te entiendo, incluso a veces me siento invasiva, como si quisiera conocerte pero hay miles y miles de muros por romper antes de llegar a tu esencia. Y a pesar de todo estás aquí… volviéndome loca, porque cuando no estás, cuando me ignoras, cuando decides desaparecerte de mi vida un momento, la ansiedad se apodera de mí… y no porque verdaderamente haya perdido la cabeza, simplemente porque me siento aburrida, me siento ajena a ti, a tu vida. Siento que soy yo quien te alejo.

Me gustan tus celos, tus preguntas, tus juegos y la increíble facilidad con la que alegras mis momentos más grises. Pero detesto profundamente el poder que tienes sobre mí, sí, el poder que te he dado de hacerme sentir feliz, o celosa, o aburrida, o desesperada por estar a tu lado. Y es que, debo confesarte, que estar a tu lado es tan divertido, tan maravilloso… tan relajante. Estar frente a ti, a pocos centímetros de tu rostro eleva mi pulso a palpitaciones incontables, aumentan la temperatura de mis mejillas y hacen que mis labios sientan un cosquilleo terrible por tocar los tuyos. Y he aquí un secreto: me encantan tus labios. Podría mirarlos y desearlos por un largo e infinito (desde el sentir de mi corazón) momento.

Me gusta tu inteligencia, porque aunque lo niegues, eres muy inteligente. Tu forma de ver la vida desde una perspectiva tan madura y tan libre ha complementado la mía. Me gusta que me saques de mi zona de confort, que me muestres arte y formas de reaccionar tan distintas a las que soy yo, pero siempre sin obligarme a cambiarme. Me gustan tus mensajes de “Buenos días”, y me duelen tanto tus momentos de ausencia.
Me asusta el punto al que he llegado, porque mi corazón no recuerda haberse sentido así antes. Viviendo en un espiral de emociones donde la adrenalina, el miedo, la paz, la alegría, la incertidumbre, la duda, la espontaneidad, y la alegría se mezclan, e incluso a veces se turnan para quitarme la concentración, o el sueño, incluso el hambre. Gabriel García Márquez asemeja el estar enamorado al estar sufriendo del cólera, y sería caer en un loco e incluso exagerado romanticismo pensar que sufro lo mismo, pero he llegado a un punto en que la duda del “¿Qué somos?” me hace sentir sin fuerzas.

¿Sabes qué es lo peor? Que me siento absurda, me da miedo estar escribiendo todo esto y descubrir al final del día que todo ha sido mi sueño, que cada palabra ha tenido otro significado, y que mi corazón anhelante ha caído de nuevo en un imposible que terminará por romperlo y dejarlo inservible otra vez. Pero es que simplemente no puedo explicar nuestra historia, no puedo simplemente dejarla a un lado como ya varias veces lo he pensado, intentado e incluso jurarlo; porque hasta eso… tienes una facilidad tan grande de volver a mí cuando he decido bloquearte de mi sentir.

¿Qué es lo que esperas? ¿Qué es lo que espero yo? No lo sé… tengo miedo, pero también este impulso absurdo de buscarte y dejar mi dignidad en tus manos; porque hasta eso te has llevado.

No eres indiferente, lo sé… sino sientes lo mismo al nivel que yo lo siento, sí por lo menos hay un cosquilleo en tu interior. Déjame darle un respiro a tu corazón.

Pero es que tengo tanto miedo, de que una palabra mía calle por siempre tus labios, que en lugar de acercarte, te lleve lejos de mí. ¿Cómo es que has logrado esto? ¿Quién te crees que eres para llegar y romper todos mis muros poniéndome a mí frente a los tuyos pidiendo por una puerta por dónde entrar, pero dejándome aquí expectante? No lo sé y sigo sin entender. Lo único que sé es que llegaste como un huracán, una tempestad.

Hay días en los que no sales de mi cabeza… y tardes, y noches, y sueños.



Alejandra González

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